Quiero compartir con Uds. un pequeño fragmento de un texto bastante interesante que recibí hace poco.
"La primera vez que fui para Suecia, en 1990, uno de mis colegas suecos me recogía del hotel todas las mañanas. Estábamos en septiembre, algo de frío y nevisca.
Llegábamos temprano a Volvo y él estacionaba el auto muy lejos de la puerta de entrada (son 2000 los empleados que van en coche a la empresa). El primer día no hice comentario alguno, tampoco el segundo o el tercero.
En los días siguientes, ya con poco más de confianza, una mañana le pregunté a mi colega:
“¿Tienen ustedes un lugar fijo para estacionar aquí? Pues noté que llegábamos temprano, con el estacionamiento vacío y dejaste el coche al final de todo . . .”.
Y él me respondió simplemente:
“Es que como llegamos temprano tenemos tiempo para caminar, y quien llega más tarde, ya va a llegar retrasado y es mejor que encuentre lugar más cerca de la puerta. ¿No te parece?
Imaginen la cara que puse. Y con ella fue suficiente para que yo revisara en profundidad todos mis conceptos anteriores.
En la actualidad hay un gran movimiento en Europa llamado “Slow Food Internacional Association”, cuyo símbolo es un caracol, tiene su central en Italia (el sitio en la Internet es muy interesante, visítelo).
Lo que el movimiento Slow Food predica es que las personas deben comer y beber lentamente, dándose tiempo para saborear los alimentos, disfrutando de la preparación, en convivencia con la familia, los amigos, sin prisa y con calidad.
La idea es contraponerse al espíritu del “Fast Food” y lo que éste representa como estilo de vida.
La sorpresa, por tanto, es que ese movimiento de Slow Food está sirviendo de base para un movimiento más amplio llamado Slow Europe como resaltó la revista Business Week en una de sus últimas ediciones europeas.
La base de todo está en el cuestionamiento de la “prisa” y de la “locura” generada por la globalización, por el deseo de “tener en cantidad” (nivel de vida) en contraposición al de “tener en calidad” “calidad de vida” o “calidad de ser”.
Según la Business Week, los obreros franceses, aunque trabajan menos horas (35 semanales) son más productivos que sus colegas estadounidenses o británicos. Y los alemanes, que en muchas empresas ya implantaron la semana de 28.8 horas, vieron aumentar su productividad en un elogiable 20%.
Esta llamada “Slow Down Attitude” está llamando la atención hasta de los estadounidenses, discípulos del “fase” y del “do it now”.
Por tanto, esa “actitud sin prisas” no significa hacer menos y tener menos productividad. Significa sí, trabajar y hacer las cosas con “más calidad” y “más productividad”, con mayor perfección, con atención a los detalles y con menos stress.
Significa retomar los valores de la familia, de los amigos, del tiempo libre, del placer del buen ocio, y de la vida en las pequeños comunidades.
Del “aquí” presente y concreto, en contraposición contra lo mundial indefinido y anónimo.
Significa retomar los valores esenciales del ser humano, de los pequeños placeres de lo cotidiano, de la simplicidad de vivir y convivir."